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Adolescentes que se cortan así mismos la piel

Se da tanto en varones como en chicas. Esta práctica se llama cutting, risuka o self injury, y quienes la practican, se producen heridas superficiales con cualquier objeto cortante.

Es alarmante ver que cada vez más adolescentes se cortan así mismos la piel, para tratar de mitigar un dolor emocional. No buscan el suicidio, simplemente buscan algo afilado y se cortan en diferentes partes del cuerpo, principalmente en la zona de las muñecas, muy cerca de las venas, para aliviar el dolor y sentir placer.

En algún momento se asoció a la práctica de algunos jóvenes pertenecientes a algunas tribus urbanas, pero su hábito se extendió e incluso hay páginas y foros en Internet, donde intercambian experiencias y formas de cutting.

Al principio son cortes pequeños y se los producen ocasionalmente. Luego la práctica se hace más frecuente y con cortes más grandes. Por lo general, quienes hacen esto son personas retraídas, que les cuesta expresar lo que sienten, están siempre a la defensiva y son bastante solitarias.

El daño físico es irreversible, dado que las cicatrices raramente desaparecen. Esto sin mencionar los riesgos a los que se exponen, cuando se cortan con elementos oxidados o contaminados.

Termina tornándose en una adicción con todas sus características. Al principio hay una negación de la problemática, y poco a poco, el producirse cortes, se va transformando en una necesidad incontrolable.

El adolescente tiene que saber que ningún dolor, ni ninguna experiencia traumática se soluciona con esta práctica, y que existen otros modos de abordar los problemas típicos de la edad. Padres, familiares y amigos deben estar alerta ante estos casos, para así poder ayudarlos.

Temores que nos acechan como padres de adolescentes

La adolescencia de los hijos es un verdadero desafío para nuestra condición como madres y padres.

Una de las primeras cosas que debemos aceptar es el hecho de que ellos no serán seguramente como a nosotros nos hubiera gustado. Están formándose como individuos y empiezan a despegarse de nosotros.

Ese despegue, sin embargo, necesita seguridad y orientación. Aunque a veces parezca que los molestamos, que prefieren tenernos lejos, que los avergonzamos, que creen que no sabemos nada, los adolescentes necesitan sentir que les prestamos atención, que nos importan.

Aunque no lo admitan somos sus referentes, y nuestras conductas, nuestro modo de vivir, nuestros valores, la forma en que nos relacionamos con los demás (respetándolos o no, valorándolos o no) son ejemplo y les sirve para desarrollarse interiormente y para un mundo complejo.

Hay una gran lista de temores que nos acechan como padres de adolescentes: miedo a que se convierta en drogadicto, a que sufra accidentes graves o fatales, a contraer sida, a que esté deprimido (porque duerme casi todo el día) a que sea padre o madre adolescente, a las malas compañías, a que haga algo peligroso o ilegal para conseguir dinero para comprar algo que se le ha negado, etc, etc, etc.

Por más turbulenta que resulte la adolescencia, es solo una etapa transitoria de la vida. Llegará a su fin de la manera más armoniosa posible en la medida en que hayamos estado presentes, orientando, corrigiendo, enseñando a través de nuestras propias actitudes y poniendo límites. Límites que necesitan y deben ser puestos con firmeza, con respeto, con cariño y absoluta constancia.