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El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos

Cuando una menos se lo espera llega fin de año y tenemos la sensación de que el tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos. Todos los días tienen 24 horas y los años 365 días pero, la sensación de que el tiempo pasa más rápido que hace unas décadas atrás es generalizado.

Según algunas teorías, el tiempo y el espacio no son objetivos, sino fenómenos subjetivos. Por eso vemos que las escaleras de la escuela donde asistíamos de niñas no son tan grandes, ni la plaza… todos los lugares de la infancia parecen haberse reducido a la mitad. La memoria representa de manera diferente la realidad.

Otra teoría asegura que la sensación de velocidad tiene relación con los estímulos de la cultura. Cuando se inventó la imprenta, el conocimiento del hombre estaba contenido en 200 libros, algo que podría leer una persona, a lo largo de su vida. Hoy hay más libros editados y material informativo en Internet de lo que el más amante de la lectura podría llegar a leer jamás.

Hoy cualquier persona promedio lee, escucha música, va al cine, navega por Internet, ve televisión, viaja, trabaja, va al gimnasio, tiene vida social, forma una familia y todavía tiene tiempo para el sueño y el ocio. El día sigue teniendo la misma cantidad de horas y el año los mismos 365 días, pero corremos detrás del reloj que marca las horas que parecen nunca ser suficientes.

Otra teoría asegura que la percepción de que todo se acelera no es una ilusión. Se basa en la Resonancia Shuman, un físico que constató en 1952 que la Tierra está rodeada de un campo electromagnético poderoso que se forma entre el suelo y la parte inferior de la ionosfera, situada a 100 Km. por encima de nosotros.

Según uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, ese campo electromagnético posee una resonancia más o menos constante de 7,86 pulsaciones por segundo, y funciona como un marcapasos, equilibrando las formas de vida. Los vertebrados y el cerebro humano tienen la misma resonancia: 7,86 hercios y no somos saludables fuera de esa frecuencia biológica natural.

A partir de 1980 y de manera más acentuada a partir de los años 90 la frecuencia planetaria se elevó de 7,86 a 11 y 13 hercios. Coincidentemente, se profundizaron los desequilibrios ecológicos, el clima, las tensiones, conflictos y violencia entre los humanos.

De acuerdo a esta teoría, debido a la aceleración general, la jornada de 24 horas se habría convertido en una de solo 16.

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